Buceo en un entorno natural y exclusivo

Una gran variedad de inmersions en una zona preservada.

Instalaciones cómodas y prácticas

Ascensor en el barco, secador de trajes, camiones para el transporte de material… todo está pensado para disfrutar de una estada relajada.

Reserva todo con un clic

Un contacto para facilitar la organización de unas vacaciones a medidas: submarinismo, alojamiento, comidas…

Alt Empordà

Bienvenidos/as al Diving Center Colera

Situado en la pequeña localidad de Colera, al norte de la Costa Brava, el Diving Center Colera se encuentra dentro de las instalaciones del Camping Sant Miquel. Este centro cuenta con el reconocimiento de la Generalitat de Catalunya i se distingue por ofrecer una logística cómoda y eficiente, lo que garantiza inmersiones seguras e inolvidables.

Sus instalaciones modernas son ideales para disfrutar de las espectaculares profundidades del Mar d’Amunt. El centro permite acceder a algunas de las inmersiones más impresionantes de la Costa Brava Nord, incluyendo el Parque Natural del Cap de Creus, reconocido por su biodiversidad única. Además los buceadores pueden explorar las aguas del sud de la Côte Vermeille y disfrutar de la Reserva Marina de Banyuls-Cerbère. Para los días de fuerte Tramuntana, la zona protegida de interés pesquero entre Colera y Portbou nos garantiza que no os perdáis ningún día de buceo.

Una de las ventajas de nuestro centro es su ubicación dentro del Camping Sant Miquel, lo que proporciona a los entusiastas del buceo la oportunidad de disfrutar de esta actividad a sólo unos pasos del alojamiento.

En resumen, Diving Center Colera es el lugar perfecto para quienes buscan sumergirse en las maravillas submarinas de la Costa Brava, combinando comodidad, seguridad y una gran oferta de inmersiones de alta calidad.

Protegemos lo que amamos!

Las especies marinas son sensibles!

Adoptemos un buen comportamiento para limitar nuestro impacto.

Estas especies forman colonias de animales con una estructura frágil y de crecimiento lento. Actuan como especies ingenieras del ecosistema, creando hábitats que sirven de refugio y soporte para muchos otros organismos marinos. Por ello son fundamentales para la biodiversidad del fondo marino.

Buenas prácticas:
Vigilamos la posición de las aletas, atamos correctamente nuestros instrumentos y controlamos nuestra flotabilidad para evitar cualquier contacto con el fondo o con estas especies.

Las conchas vacías, las testas de erizo y las mudas de crustáceos, aunque ya no pertenecen a un animal vivo, siguen siendo muy importantes en el ecosistema marino.

Pueden servir de refugio para otros animales (como los cangrejos ermitaños), de sustrato para algas y otros organismos, y al fragmentarse y degradarse contribuyen al reciclaje de nutrientes y minerales en el ecosistema. Este forma parte del ciclo natural de los organismos que producen conchas o caparazones de carbonato cálcico, cuya disponibilidad puede verse afectada por procesos como la acidificación de los océanos.

Buenas prácticas:
No cogemos nada del mar ni compramos recuerdos hechos con conchas, corales o restos de animales.

Muchos animales marinos son muy sensibles al contacto humano. Algunos peces, como el mero, poseen una capa mucosa protectora sobre la piel que los protege frente a infecciones y parásitos. Tocarlos puede dañar esta protección.

Manipular animales para observarlos o fotografiarlos les provoca estrés, lo que puede alterar su comportamiento natural. En algunos casos pueden dejar de realizar actividades esenciales como alimentarse o reproducirse.

Otros organismos, como el espirografo o la bonellia, se retraen cuando nos acercamos demasiado para protegerse. Volver a desplegarse requiere un gasto energético importante.

Buenas prácticas:
Evitamos cualquier contacto físico con la fauna y la flora.

Alimentar a los peces u otros animales altera su comportamiento natural y puede modificar el equilibrio del ecosistema. Cuando consumen alimentos que no forman parte de su dieta habitual perturba la cadena trófica.

Además, este tipo de alimento puede provocar problemas de salud tanto en los animales como en el medio marino. La alimentación repetida por parte de personas también puede generar dependencia y cambios de comportamiento.

Buenas prácticas:
No alimentamos a los animales y no tiramos nada al agua, ni siquiera restos orgánicos.

Algunas especies, como las ofiuras (por ejemplo (por ejemplo Astrospartus mediterraneus), son muy sensibles a la luz.

Iluminarlas directamente con una linterna o con el flash de una cámara puede provocar estrés, desorientación y alteraciones en su comportamiento y ritmo natural. También debemos evitar enfocar la luz directamente a los ojos de los animales.

Buenas prácticas:
Controlamos dónde enfocamos la linterna y limitamos el uso del flash de las cámaras.

Los animales filtradores respiran y se alimentan filtrando partículas del agua. Un aumento de la turbidez, por ejemplo debido a sedimento en suspensión provocado por aleteos cerca del fondo, puede afectarles negativamente e incluso llegar a asfixiarlos.

Por ello es fundamental evitar levantar sedimento y minimizar cualquier perturbación en los hábitats bentónicos.

Buenas prácticas:
Mantener siempre una distancia mínima de 1,5 m del fondo y de las paredes y controlar la flotabilidad.

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